Por: Juan Sotelo (Don Pésimo)
Dicen que soy un espeso y es verdad. Además de carbonero, me encantan las broncas donde chorrea sangre. “Ese pleito ya fue”, me dice uno de los editores, yo le digo: las polémicas no terminan y menos cuando no se ha llegado a ningún sitio...
Vamos al grano. A nadie le interesaría editar hoy a Matto de Turner porque el lector común (que más lo es de Choprak o de David Brown) sólo lee novelas de ciudad y más si trae morbo, gays entremontados y una buena dosis de coprolalia. El campo y el zaguán de la abuela han pasado de moda. Lo universal en literatura es la regla y a quien no le guste que se mude a imprimir hojas en Huamanga o a leer yaravíes bien al fondo, detrás del monte. Es simple, papay, los autores criollos generan más interés que los andinos entre los lectores. Las editoriales “malvadas” son empresas y les interesa un rabanito si editan 5,000 ejemplares de “El Delfín” o de “Malena se fue a tirar rico a la playa” en lugar de una buena reedición de la andina “Agua”. Aún me maravilla Warma Kuyay y Yawar Fiesta, pero Bambarén vale más su peso en oro que nueve Arguedas juntos ¡Blasfemia! ¡Blasfemia! ¡Vade Retro! No lo digo yo, lo dicen los lectores y lo dicen las transnacionales de la edición.
Hace varias lunas en el supermercado Wong (debajo de Sopas Maggie y Jabón Lux), el buen e incomprendido Bryce firmó 600 ejemplares en una tarde. Y hasta se le acalambró su travieso dedito copy page ¿Y si a Miguel Gutiérrez lo hubieran sentado allí, bien cobijadito entre degustadoras de Mayonesa Alacena? Nothing. No la chuntaba. La literatura es comercio, por desgracia. No dudo que Ciro Alegría tenía una pluma fenomenal o que Eleodoro Vargas Vicuña fue el predecesor de Rulfo. De buenas intenciones está empedrado el infierno. Okey, Okey, seamos utopistas y sensibleros: las editoriales le harían un grandísimo bien a la literatura si se convirtieran en ONGs ¿Imaginan una Alfaguara caviar publicando las obras completas de López Albújar? ¿Imaginan a la Konrad Adenauer financiando a la roja Peisa o a la rosada Cáritas reuniendo harta plata para que Planeta reedite Taita Cristo? De reírse.
Vargas Llosa, Bryce, Bayly, Alonso Cueto, Roncagliolo, Jorge Benavides, y demás fauna, son los que venden porque interesan a los lectores, en consecuencia las editoriales se interesan, a su vez, en publicarlos porque es rentable. Claro que hay malísimos libros criollos y criollazos entre los que más venden (no digo cuáles). Quilca o Camaná es mi referente madre ¿No lo ha asaltado despiadadamente alguno que otro vendedor ladilla con la última de Cohelo en ristre? Por eso, ya entre paréntesis, a veces me pregunto por qué le fue tan mal al libro de la criolla Yesabella, si lo tenía todo para liderar el top. Ay Crisol, por qué no eres más democrática e inclusiva.
Por último los dejo con un párrafo recontraarrugado de Cora Cora Melody (Caretas, 7 de julio del 2005) firmado en El silencio Beach por Fernando Ampuero, viene al caso ahora con todo el barullo armado (aunque siempre tardío) por Néctar y la Muñequita Sally: “A mediados del siglo veinte (...) los autores más leídos y vendidos eran autores andinos. A todo el país ilustrado le interesaban Ciro Alegría y José María Arguedas. Yo los he leído, y aún los leo, con verdadera pasión. Igualmente me atraen los cuentos de López Albújar y de Eleodoro Vargas Vicuña, este último un buen anticipo del genial Juan Rulfo. En esos días, sin lugar a dudas, los escritores andinos reinaban y no recuerdo que los autores limeños o criollos de entonces hayan protestado por la cobertura periodística que esos autores justamente merecían. ¿Qué sucede ahora? Algo francamente ridículo. Un grupo de autores andinos, cobijados bajo el ala de Miguel Gutiérrez, reclama atención. Pero, ¿hay razones para dársela? ¡Por favor! No existe un escritor andino de la dimensión de Alegría y Arguedas. Ni siquiera existe el equivalente literario del mestizaje que encarna Chacalón, o Dina Paúcar, cantantes con profunda raigambre andina y que de hecho consiguen un gran rating de sintonía, llenan estadios y, naturalmente, convocan el interés de la prensa. Y esto no es una invención de los sociólogos. La música chicha genera biopics consagratorios de sus artistas”
Así me gusta, Fer, sin guantes, sin mantequilla y directo al mentón.
Y usted ¿ya se formó una opinión?
jueves, 12 de julio de 2007
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